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La bodega de Viñedos de la Reina iluminada de noche bajo la Vía Láctea, en el Valle de Guadalupe.

Ellas hacen el vino mexicano: las enólogas y vinicultoras que están cambiando la industria

En el Ejido El Porvenir, unos letreros rosas marcan el camino de tierra hasta El Corcho Rosa, la sala de catas de Valle Girl Vino. Ahí se cata con la enóloga que hace los vinos. Sitara Pérez llenó sus primeras seis barricas en 2012, y cada etiqueta de la casa lleva el nombre de un personaje femenino, de La Traviesa, una Garnacha, a La Atrevida, un Syrah con dos años de barrica. La escena dice mucho de las mujeres en la enología mexicana: están en la bodega, en la etiqueta y del otro lado de la barra.

Nada de esto empezó ayer. Laura Zamora tomó la enología de Bodegas de Santo Tomás en el año 2000; tres alumnas de La Escuelita, el taller de Hugo D'Acosta en El Porvenir, fundaron Vinícola 3 Mujeres en 2005, y Natalia Badán lleva desde 2008 la casa de su familia en el Valle de Guadalupe. Lo nuevo es cuántos nombres hay ya y en cuántos lugares: en las fichas de este sitio aparecen enólogas en bodegas de Baja California, Querétaro, Guanajuato, Coahuila, Aguascalientes, Hidalgo, Jalisco y Chihuahua.

¿Cuántas mujeres hacen vino en México?

Todavía no hay una cifra pública que podamos citar. No encontramos un conteo por sexo de los enólogos del país, ni del Consejo Mexicano Vitivinícola ni de las escuelas, y la licenciatura en Enología de la Universidad Autónoma de Baja California, en Ensenada, empezó apenas en 2019. Circulan porcentajes en notas de prensa, pero ninguno con una fuente que se pueda revisar, así que aquí no los repetimos.

Lo que sí podemos contar es nuestro propio mapa. A septiembre de 2026, las fichas de este directorio nombran a más de veinte mujeres que hacen vino o dirigen una bodega: enólogas de planta, como Cristina Pino en Santo Tomás; fundadoras que firman sus etiquetas, como Claudia Horta en Casta de Vinos o Verónica Santiago en Viñedos Mina Penélope, y asesoras que llevan la enología de varias casas a la vez. Es un conteo de lo que hemos documentado, no una estadística nacional.

¿Quiénes son las enólogas que están cambiando el vino mexicano?

Seis perfiles, escritos con lo que dicen sus fichas y fuentes públicas, cada uno con qué probar y cómo llegar.

Laura Zamora: del laboratorio a su propia bodega

Entró a Santo Tomás, la casa fundada en 1888 al sur de Ensenada, como técnica de laboratorio. En el año 2000 tomó la enología, sumó 38 años en la bodega y llegó a dirigir su producción. En 2017, una asesoría que le pagaron con uva le dio su primera vinificación propia, y en 2019 formalizó con un socio Casa Zamora, en el Ejido Ajusco. Ese mismo año la relevó en Santo Tomás Cristina Pino, enóloga extremeña.

  • Qué probar: Cofa, un Barbera del Valle de Santo Tomás con 12 meses de barrica francesa.
  • Antes de ir: su ficha todavía no confirma si sigue elaborando ni si recibe visitas; escríbele primero.

Lulú Martínez Ojeda: una firma en tres casas

Nació en Ensenada, se formó en Burdeos e hizo práctica en Château Brane-Cantenac. Firma los vinos de la bodega Bruma, un pueblo del vino en miniatura en el Valle de Guadalupe, con arquitectura de Alejandro D'Acosta hecha de materiales reciclados. Desde 2016 asesora a Viñedos Aldo César Palafox, en el Valle de la Grulla, y en 2025 se sumó como enóloga consultora a Santo Tomás.

  • Qué probar: el Plan B GSM+N de Bruma, que suma Nebbiolo a la Garnacha, el Syrah y el Mourvèdre, o Quercus, el Chenin Blanc con barrica de Palafox.
  • Cómo visitarla: Bruma tiene sala de catas, restaurante y hotel; Palafox sirve sus catas en la cava subterránea o entre encinos.

Natalia Badán: la memoria de un rancho

Se crio en el rancho que su familia, de origen suizo y francés, levantó desde cero en los años cincuenta, mucho antes del auge del valle. Su hermano Antonio, oceanógrafo, hizo el vino durante años; desde su muerte, en 2008, Natalia lleva Vinícola Mogor Badán con sus hijos. La casa se conoce por un blanco seco de Chasselas, la uva suiza que trajo la familia, y por un tinto bordelés pensado para guardarse: de la cosecha 2020, ella sugería abrirlo a partir de 2025.

  • Qué probar: el Chasselas del Mogor y, si das con él, un tinto de la casa con años de botella.
  • Cómo visitarla: cata en la cava subterránea, en el kilómetro 85.5 de la carretera federal 3; sin sitio ni teléfono confirmados, escribe por Facebook antes de ir.

Natalia López Mota: vino natural bajo una hacienda

En una cava subterránea de Hacienda La Romita, a las afueras de San Miguel de Allende, firma los vinos de Cava Garambullo, que lleva con Branko Pjanic. Compran uva orgánica o biodinámica en el Bajío, fermentan con levaduras nativas, no clarifican ni filtran y apenas usan sulfito, a veces nada; en nuestra guía de vinos naturales explicamos qué significa cada cosa. Ella guía además charlas abiertas sobre el oficio.

  • Qué probar: Rover, un naranja de maceración con piel, o Ventura, uno de los pet-nat mexicanos de tiraje corto.
  • Cómo visitarla: solo con reservación; la cata la guían los propios enólogos.

Trinidad Jiménez: burbuja de Syrah frente a la Peña

Doctora en viticultura y enología por la Universidad de Turín, trabajó en San Miguel de Allende y como asistente en Querétaro, Estados Unidos, Portugal y Francia antes de hacerse cargo de la enología de Puertas de la Peña, a unos cinco minutos del centro de Bernal. En el semidesierto queretano hace un espumoso rosado solo con Syrah y un blanco que reparte en partes iguales Macabeo, Xarel-lo y Moscatel.

  • Qué probar: Encuentros, el espumoso de Syrah, y Abuelo Julián, un Malbec con 14 meses de barrica.
  • Cómo visitarla: recorrido por la cava y el viñedo; la finca tiene hotel con spa y restaurante.

Lucía García Alonso: las barricas de Parras

Llegó en 2018 a Vinícola Parvada, en Parras de la Fuente, después de hacer vendimias en Chile, España y Alemania, y ese año salieron a la venta los primeros vinos de la casa. Cada cosecha elige las barricas que mejor la cuentan para la Selección del Enólogo. El Reserva 2018 ganó Gran Oro en el Concours Mondial de Bruxelles 2022, con el título de Vino Revelación de México.

  • Qué probar: el Reserva, de Cabernet Sauvignon, Syrah y Tempranillo, y el Cardenal, tinto joven de Caladoc y Malbec.
  • Cómo visitarla: recorridos con cata que se reservan en el sitio de la casa, restaurante y hotel en el mismo complejo.

¿Cómo nacieron 3 Mujeres y Valle Girl, dos vinícolas de mujeres en el Valle?

Las dos lo dicen desde el nombre. 3 Mujeres nació de una amistad: en La Escuelita se conocieron Ivette Vaillard, Eva Cotero Altamirano y Laura McGregor García. El rancho de Ivette, en el kilómetro 87 de la carretera Tecate–Ensenada, es también su taller de cerámica, así que el vino convive con las piezas de barro, y la cata se sirve en una cueva fresca, solo con cita.

La otra es Valle Girl. Sitara Pérez, estadounidense de familia paterna mexicana, llegó en 2012 a aprender el oficio desde dentro. Compra uva a viñedos del valle, sobre todo Syrah y Garnacha, vendimia a mano y hace los blancos de La Chula sin fermentación maloláctica, para guardar su frescura.

¿Por qué importa quién hace el vino?

Los vinos de esta historia van del Syrah con dos años de barrica al naranja y al espumoso de Syrah, y ningún estilo los agrupa. Lo que cambia en varias de estas casas es la manera de contar el vino y a quién se le cuenta:

  • Etiquetas con historia. En Valle Girl cada vino es un personaje femenino, y la historia de la etiqueta forma parte de la cata.
  • Vino con causa. Claudia Horta creó Pitaya, un rosado de Garnacha, en memoria de una amiga que murió de cáncer de mama; desde 2015, la casa apoya con su venta a mujeres en recuperación.
  • Otros equipos. En Cava Post Data, en la ribera sur del Lago de Chapala, Sylvia Penski trabaja con un equipo de campo formado sobre todo por mujeres.
  • Proyectos compartidos. Santo Tomás ha probado Entre Santos, una serie experimental hecha por tres enólogas de Ensenada.
  • Públicos nuevos. Silvana Pijoan, bailarina antes que enóloga, llevó Vinos Pijoan, la bodega de su padre, hacia el vino natural; su etiqueta propia, Árbol de Fuego, se vende también en tiendas de vino natural de Estados Unidos.

Para quien bebe, la consecuencia es práctica: más estilos en la mesa y más catas en las que puedes preguntarle a quien tomó cada decisión.

¿Cómo visitarlas y comprar sus vinos?

Casi todas reciben, cada una a su manera. Revisa en su ficha si la visita es con cita; en nuestra guía para reservar en una vinícola explicamos cómo pedirla. Las demás casas de la región, con quién hace el vino en cada una, están en las fichas de las vinícolas de Baja California.

  • Solo con cita: 3 Mujeres, Casta de Vinos y Mina Penélope, en Baja California; Cava Garambullo, en San Miguel de Allende, y Cava Post Data, en Jalisco.
  • Con sala abierta: Valle Girl, en El Corcho Rosa, y Xecue Vinícola, que la enóloga Alberta Ceja Medina cofundó en 2005 sobre la carretera federal 3; confirma el horario antes de ir.
  • Sin salir de Ensenada: Santo Tomás tiene su cava Miramar en el centro del puerto, con recorrido y cata.
  • Desde casa: Bruma envía vino a todo el país desde su tienda en línea, y cada Pitaya de Casta de Vinos suma, según la casa, a su apoyo a mujeres en recuperación de cáncer de mama.

El 7 de octubre, Día del Vino Mexicano, es un buen pretexto para empezar. Abre una botella de alguna de ellas, un Chasselas del Mogor o una Pitaya, y lee su ficha antes de servir: sabrás quién decidió cada cosa que estás a punto de probar.

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