
El Valle de Guadalupe se está secando: qué está pasando con el vino mexicano
Amanece en El Porvenir y la cuadrilla ya va por la tercera hilera. Las tijeras chasquean contra el racimo, las cajas se llenan de uva que todavía guarda el fresco de la noche y en la bodega huele a mosto. Es la escena de cada verano, pero entre surcos la plática cambió: cuánto llovió en invierno, cuánta agua queda en el pozo, cuántas toneladas se perdieron. Así se habla hoy del cambio climático en el Valle de Guadalupe: en kilos de uva y en metros cúbicos de agua.
Los números de 2025 explican la preocupación. Según Francisco Rubio Cárdenas, presidente de ProVino Baja California, la falta de lluvia redujo hasta 35 % la cosecha del valle ese año. Un reportaje de Border Report contó que en aquella temporada de lluvias cayeron unas tres pulgadas, unos 76 milímetros. Y debajo de las vides, el acuífero que las riega pierde cada año más agua de la que recibe.
Esta historia reúne lo que sí está medido —estudios del CICESE y del INIFAP, trabajos en revistas científicas mexicanas, cifras de la Comisión Nacional del Agua y lo que dicen los productores— y señala lo que todavía falta medir. Esos datos cuentan una historia de adaptación: el valle sigue dando vino, y lo que se mueve es cómo se cultiva, qué llega a la copa y cuándo conviene ir.
¿Qué dicen los datos sobre el clima del Valle de Guadalupe?
El punto de partida ya es cálido. Un estudio publicado en 2021 en la Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas midió el clima de cuatro valles vitivinícolas de Ensenada entre 2013 y 2018. Con el índice de grados día que usan los viticultores, clasificó al Valle de Guadalupe y a Santo Tomás en la región V, la de zonas cálidas y muy cálidas; San Antonio de las Minas y San Vicente quedaron un escalón abajo, en la región IV, con 15 % menos evapotranspiración, que es el agua que el suelo y la planta devuelven al aire.
Lo que viene empuja en la misma dirección. En 2024, un trabajo publicado en la revista Climate, en el que participó la investigadora del CICESE Tereza Cavazos, proyectó para la temporada de crecimiento de la vid en Baja California un aumento de más de 1 °C entre 2021 y 2040 y de más de 2 °C entre 2041 y 2060, en el escenario de emisiones altas. Con esos grados de más, el rendimiento de la uva podría caer entre 18 y 35 %. En su modelo, las variables que más pesaron fueron las temperaturas máximas y mínimas: el calor del día y el de la noche.
Diez años antes, César Valenzuela Solano y José Ariel Ruiz Corral, del INIFAP, proyectaron para 2051-2060, en un estudio sobre el potencial vitícola del estado, bastante más calor acumulado y máximas más altas en los valles que hoy producen. Y un proyecto del CICESE coordinado por Cavazos, con apoyo del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, concluyó que entre 2015 y 2039 la vid sigue siendo viable en el estado. El valle se calienta y todavía tiene margen para adaptarse.
Otras regiones del país tienen una defensa distinta: la altura. Por qué las noches frías del Bajío y del altiplano conservan la acidez de la uva lo explicamos en nuestra historia sobre la vinicultura de altura.
¿La vendimia se está adelantando en México?
La respuesta honesta tiene dos partes. La primera: no encontramos publicada una serie de fechas de corte del Valle, año por año, que permita decir cuántos días se ha movido la vendimia. Sin ese registro, cualquier cifra sería un invento.
La segunda parte sí está medida y explica el mecanismo. Un estudio publicado en Agrociencia en 2017 siguió durante cuatro temporadas la maduración del Nebbiolo en el centro del Valle y en San Antonio de las Minas, más cerca del mar. En el centro, más caliente y más seco, la uva tuvo en las cuatro temporadas más azúcar y un pH más alto, y llegó a esos valores entre una y tres semanas antes. Unos grados de más adelantan la madurez; si el valle entero se calienta como proyectan los modelos, lo esperable es una cosecha cada vez más temprana.
El invierno también cuenta. Rubio Cárdenas explicó que con un invierno frío la planta descansa, y que después de un invierno templado la vid no descansó y llegó sin vigor a la temporada. A eso se sumó la sequía: entre enero y mayo de 2025, la región pasó meses sin agua suficiente, con sequía severa o extrema en algunas zonas, según el mismo reportaje de Border Report.
Fuera de México el adelanto ya es noticia: en agosto de 2026, la prensa especializada española reportó vendimias tempranas en buena parte de Europa y de Estados Unidos. En el Valle, la cosecha ocurre hoy entre julio y agosto.
¿Cuánta agua le queda al Valle?
La vid del Valle bebe sobre todo del acuífero de Guadalupe. La Comisión Nacional del Agua calcula que le entran en promedio 18.8 millones de metros cúbicos al año y se le sacan 37.1. La diferencia, un déficit de 18.4 millones, sale del agua almacenada que no se renueva, y por eso el acuífero no tiene volumen disponible para nuevas concesiones.
Además de escasa, el agua es salada. Un estudio de 2012, publicado en la Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas, clasificó el agua del acuífero como de salinidad alta o muy alta en el 85.9 % de los casos y siguió su efecto hasta el suelo de las parcelas agrícolas.
La sequía de 2025 mostró el límite. Según ProVino, algunos productores que dependen solo de la lluvia prácticamente no cosecharon, y otros salieron adelante con vino guardado de años anteriores. No era la primera vez: en un foro de la Iniciativa Climática de México, Claudia Turrent, socia fundadora de Bodega Anatolia, contó que su viñedo pasó de 10 toneladas de uva en 2020 a 3.8 en 2022, por la falta de lluvia.
La temporada siguiente trajo alivio. Según Border Report, en la de 2026 ya se habían juntado unas nueve pulgadas de lluvia, unos 229 milímetros, y la perspectiva para la cosecha era buena. Cómo salió la vendimia de 2026 se sabrá con los números del sector, y esta historia se actualizará con ellos.
¿Se pueden cultivar viñedos sin riego en el Valle?
En El Porvenir hay una respuesta con décadas de historia. La de la finca empieza en 1944, cuando el abuelo de Juan Carlos Bravo compró el terreno; la familia plantó ahí Carignan y Palomino traídos de España y durante años vendió la uva a otras bodegas. En 2001, Juan Carlos, enólogo nacido en el valle y criado en el ejido, embotelló su primer Carignan. Vinícola JC Bravo sigue haciendo solo esos dos vinos, de una sola finca de viñas viejas.
Las guías y tiendas que describen esa finca la presentan como uno de los pocos viñedos de la región cultivados por completo sin riego, de temporal: las cepas, con raíces profundas después de más de medio siglo, viven del agua que cae cada año. El Palomino de la casa ganó bronce en los Sommeliers Choice Awards 2023, según su ficha.
JC Bravo tiene compañía. En San Antonio de las Minas, La Casa Vieja trabaja en secano, sin injertar, cepas de Misión y Palomino de más de un siglo, según su ficha. La Misión aguanta sequía, calor y suelos pobres, como contamos en la historia de la uva Misión, y esa rusticidad ayuda a explicar su larga historia en México.
El secano tiene su precio: una viña sin riego produce lo que la lluvia le permite, y en un año como 2025 eso puede ser muy poco. No encontramos datos públicos de cómo le fue a cada casa en esa cosecha; lo prudente es preguntarlo en la sala de cata.
¿Cómo afecta el calor al vino mexicano en la copa?
La química es directa. Con más calor, la uva acumula azúcar más rápido y pierde acidez; en la fermentación ese azúcar se convierte en alcohol, así que el vino sale con más grado. El pH más alto del Nebbiolo del centro del Valle es otra forma de decir menos acidez. En la copa se nota como vinos más maduros, más cálidos al tragar y con menos de esa frescura que hace salivar.
Por eso vale la pena mirar la graduación en la etiqueta y conocer el mapa. Los valles más cercanos al mar, como San Antonio de las Minas, maduran más despacio según los estudios citados, y algunas casas combinan uva de varios valles: Xecue Vinícola, por ejemplo, arma su Reserva con uva de Guadalupe, San Vicente y Ojos Negros, según su ficha.
Del lado de quien bebe, el calor pide ajustes sencillos: blancos de buena acidez y tintos ligeros servidos frescos. En nuestra guía de vinos blancos mexicanos están las uvas y regiones para buscar frescura, y en cómo servir el vino tinto frío, los tintos que aguantan unos grados menos.
¿Cómo se está adaptando el sector?
Las respuestas van del gran proyecto de infraestructura a la decisión de cada viñedo:
- Agua de otra parte. El proyecto más grande es llevar agua residual tratada de Tijuana: recibir la de las plantas Arturo Herrera y La Morita, mejorarla y conducirla por un acueducto de 105 kilómetros hasta el Valle para regar la vid. Rubio Cárdenas ve en el reúso de aguas residuales la salvación del Valle. A junio de 2026, según la prensa de Baja California, el proyecto seguía sin concretarse, sobre todo por su costo.
- Agua del cielo. Las Nubes Bodegas y Viñedos, en El Porvenir, capta agua de lluvia, según su ficha.
- Uvas de tradición mediterránea. Las casas no publican cuántas hectáreas han replantado, pero entre las uvas del valle ya están algunas de origen español: la Garnacha, la Cariñena y el Tempranillo son la base de los tintos de corte mediterráneo de Las Nubes, y la Carignan, nombre francés de la Cariñena, es la uva de JC Bravo.
- Viñas viejas y secano. JC Bravo y La Casa Vieja muestran que se puede cultivar sin riego, con cosechas que dependen de la lluvia de cada año.
- Ciencia local. El CICESE estudió la industria bajo escenarios de cambio climático, y los expertos consultados por la prensa del sector recomiendan diversificar las fuentes de agua y usar tecnología que aproveche mejor cada litro.
Lo que no encontramos es un censo de cuántas hectáreas han cambiado de uva o de sistema de riego. Esa cifra haría falta para medir la adaptación del Valle, y aquí la anotaremos cuando exista.
¿Qué significa todo esto si vas a visitar el Valle?
- Confirma las fechas de la vendimia. Las fiestas cambian cada año (del 30 de julio al 24 de agosto en 2025; del 5 al 30 de agosto en 2026) y cada casa corta cuando su uva está lista. La agenda de eventos del vino y la guía de la mejor época para visitar el Valle te ayudan a planear.
- Pregunta por la cosecha. «¿Cómo les fue con el agua este año?» abre mejores conversaciones que cualquier nota de cata.
- Cuida el agua. En hoteles y casas de huéspedes, úsala como en casa de alguien que la paga cara: el acuífero ya entrega más de lo que recibe.
Para tu próxima visita, arma el día alrededor de El Porvenir: empieza en JC Bravo y sigue con las casas vecinas que reúne nuestra guía de vinícolas del Valle por zonas. Y si vas en temporada de calor, sal temprano a las catas, como hacen las cuadrillas.



